"NO REINARA CRISTO EN LA TIERRA"

Escribe D. S. de Alamo


Muchos líderes religiosos dicen que sí, asegurando que Cristo establecerá su trono en Jerusalén y que reinará mil años. ¿Acertada esa interpretación de eventos? Nos parece que no. Considere:

El Señor está reinando ahora. Al ascender, se sentó a la diestra de Jehová (Hechos 2:34,35), habiendo sido dada "toda potestad... en el cielo y en la tierra (Mateo 28:18) y recibiendo trono, cetro y reino (Hebreos 1:8). De acuerdo con la profecía (Marcos 9:1), el reino espiritual en la tierra vino "con poder" durante la vida de los apóstoles. El "poder" era del Espíritu Santo que se manifestó en el día de Pentecostés (Hechos 2), siendo usadas en aquel día "las llaves del reino" (Mateo 16:19), y de ahí en adelante trasladados al reino todos cuantos obedecieran (Colosenses 1:13). Ahora bien, El reina y "precioso es que él reine hasta que haya puesto todos sus enemigos debajo de sus pies" (1 Corintios 15:25).

Cuando venga Cristo, no será para comenzar a reinar, pues ¡REINA YA! Cuando venga, "luego" vendrá "el fin, cuando entregue el reino al Dios y Padre" (1Corintios 15:23,24). Viene no para establecer un reino sino ¡para entregar el que ya tiene! Se lo entrega, purificado (Mateo 13:41-43), al padre, para luego sujetarse El mismo al Padre (1 Corintios 15:27,28). Jamás se habla en la biblia de un reino milenial en la tierra después de la segunda venida de Cristo.

Cuando venga el Señor, la tierra será destruida (2 Pedro 3:10-12). Es cosa hecha y, por lo tanto, destinada a ser removida al hablar Jesús "una vez" más desde el cielo (Hebreos 12:25-29). Es cosa visible y, por lo tanto, temporal (2 corintios 4:18). Al venir Cristo, desaparecerán la tierra y el cielo (Apocalipsis 20:9-11). No habrá ni trono en Jerusalén ni reino milenial en la tierra después de la segunda venida, ¡pues no habrá tierra! Es elemental.

No hay por qué pensar que Cristo se propusiera establecer en la tierra un reino milenial ¿No dijo El: "Mi reino no es de este mundo" (Juan 18:36)? Su reino es, en su esencia fundamental, de índole espiritual, y se compone de almas redimidas cuya "ciudadanía está en los cielos" (Filipenses 3:20), no en la tierra.

Durante esta última época del mundo, o sea, la era cristiana, la iglesia es la parte terrenal del reino (Mateo 16:18-19). Llegando el fin, dicha parte será purificada y heredarán los justos el reino eterno (2 Pedro 1:11). Se unirán a Abraham, Isaac, Jacob y los demás salvos de otras épocas "en el reino de los cielos" (Mateo 8:11). "De los cielos", no de la tierra.

En la resurrección, no reciben los justos cuerpos mortales para vivir en un paraíso terrenal durante el supuesto reino milenial, sino más bien cuerpos espirituales, incorruptibles, inmortales (1 Corintios 15:42-58), hechos semejantes "al cuerpo de gloria" que tiene Cristo ahora (Filipenses 3:21; 1Juan 3:2). "Iguales a los ángeles" serán (Lucas 20:34-36). No volverán a habitar cuerpos carnales ni a vivir en la tierra. Pero, ¿por qué mencionar "la tierra"?, pues, de todos modos ¡no existirá después de la resurrección!

Viniendo Jesús con los justos resucitados, transforma a los vivos en El (1 Corintios 15:51,52) los cuales serán "arrebatados... para recibir al Señor", no en la tierra, sino "en el aire" (1 Tesalonicenses 4:13-18).

La segunda morada del alma no será en la tierra durante el supuesto reino milenial sino en "una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos" (2 Corintios 5:1,2). Se trata de una "habitación celestial", no terrenal.

Cristo está preparando un lugar bellísimo para los salvos, no en la tierra, sino "en la casa" de su Padre donde "muchas moradas hay" (Juan 14:1-3).

Después de la segunda venida y el juicio final, los salvos morarán en "una tierra nueva" con "cielos nuevos" (2 Pedro 3:13; Apocalipsis 21:1-4), es decir, en un mundo perfecto, al cual descenderá "la santa ciudad, la nueva Jerusalén". Desde luego, se trata de un lenguaje figurado usado para representar a la mente finita del hombre algo de la gloria y la perfección absoluta del magnífico lugar que Cristo está preparando para los salvos.

Ya que hay una sola esperanza para todos los salvos (Efesios 4:1-6), todos, tanto los 144,000 (los judíos salvos) como la gran multitud (los gentiles salvos) (Apocalipsis 7), morarán en la "tierra nueva". ¡Nadie morará en esta tierra después de la segunda venida del Señor, pues esta no será renovada, sino destruida!

Aplicar las profecías de Isaías 65 y 66 al tiempo del milenio es errar en extremo, pues tenían que ver con la restauración del remanente de Israel a sus tierras después del cautiverio babilónico.

Cuando venga Cristo, nadie se quedará en esta tierra ni para ser perseguido ni para buscar de Dios, pues no seguirá existiendo esta tierra después de la segunda venida. Dijo Cristo: "Entonces estarán dos én el campo; el uno será tomado, y el otro será dejado" (Mateo 24:40). Sí, el justo será "tomado", arrebatado, para unirse "en el aire" con Cristo y los demás salvos. El injusto será "dejado", pero no para seguir viviendo en la tierra sino para ir de inmediato con los demas injustos al juicio final.

Vana es la esperanza de un reino milenial en la tierra después de la segunda venida. Vana la de tener los no preparados otras oportunidades para salvarse después de la segunda venida. A los tales les convendría convertirse ahora, creyendo, arrepintiéndose y bautizándose (Hechos 2:38) para ser trasladados AHORA "al reino de su amado Hijo" (Colosenses 1:13).