El Evangelio según
Genealogía de Jesucristo
1
Libro de la genealogía de Jesucristo,
hijo de David, hijo de Abraham.
2 Abraham engendró a Isaac;
Isaac engendró a Jacob;
Jacob engendró a Judá y a sus hermanos;
3 Judá engendró de Tamar a Fares y a Zéraj;
Fares engendró a Hesrón;
Hesrón engendró a Aram;
4 Aram engendró a Aminadab;
Aminadab engendró a Najsón;
Najsón engendró a Salmón;
5 Salmón engendró de Rajab a Boaz;
Boaz engendró de Rut a Obed;
Obed engendró a Isaí;
6 Isaí engendró al rey David.
David engendró a Salomón, de la que fue mujer de Urías;
7 Salomón engendró a Roboam;
Roboam engendró a Abías;
Abías engendró a Asa;
8 Asa engendró a Josafat;
Josafat engendró a Joram;
Joram engendró a Uzías;
9 Uzías engendró a Jotam;
Jotam engendró a Acaz;
Acaz engendró a Ezequías;
10 Ezequías engendró a Manasés;
Manasés engendró a Amón;
Amón engendró a Josías;
11 Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos en el tiempo de la deportación a Babilonia.
12 Después de la deportación a Babilonia,
Jeconías engendró a Salatiel;
Salatiel engendró a Zorobabel;
13 Zorobabel engendró a Abiud;
Abiud engendró a Eliaquim;
Eliaquim engendró a Azor;
14 Azor engendró a Sadoc;
Sadoc engendró a Aquim;
Aquim engendró a Eliud;
15 Eliud engendró a Eleazar;
Eleazar engendró a Matán;
Matán engendró a Jacob.
16 Jacob engendró a José, marido de María, de la cual nació Jesús, llamado el Cristo.
17 De manera que todas las generaciones desde Abraham hasta David son catorce generaciones, y desde David hasta la deportación a Babilonia son catorce generaciones, y desde la deportación a Babilonia hasta el Cristo son catorce generaciones.
Nacimiento de Jesucristo
18 El nacimiento de Jesucristo fue así: Su madre María
estaba desposada con José; y antes de que se unieran, se
halló que ella había concebido del Espíritu Santo. 19
José, su marido, como era justo y no quería
difamarla, se propuso dejarla secretamente. 20 Mientras
él pensaba en esto, he aquí un ángel del Señor
se le apareció en sueños y le dijo: "José, hijo de David,
no temas recibir a María tu mujer, porque lo que ha sido engendrado
en ella es del Espíritu Santo. 21 Ella dará a luz
un hijo; y llamarás su nombre Jesús, porque él
salvará a su pueblo de sus pecados."
22 Todo esto aconteció para que se cumpliese lo que habló el Señor por medio del profeta, diciendo:
23 He aquí, la virgen concebirá
y dará a luz un hijo,
y llamarán su nombre Emanuel,
que traducido quiere decir: Dios con nosotros.
24 Cuando José despertó del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado, y recibió a su mujer. 25 Pero no la conoció hasta que ella dio a luz un hijo, y llamó su nombre Jesús.
La adoración de los magos
2
Jesús nació en Belén de Judea, en días del rey
Herodes. Y he aquí unos magos vinieron del oriente a Jerusalén,
2 preguntando:
-¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque hemos visto su estrella en el oriente y hemos venido para adorarle.
3 Cuando el rey Herodes oyó esto, se turbó, y toda Jerusalén con él. 4 Y habiendo convocado a todos los principales sacerdotes y a los escribas del pueblo, les preguntó dónde había de nacer el Cristo. 5 Ellos le dijeron:
-En Belén de Judea, porque así está escrito por el profeta:
6 Y tú, Belén, en la tierra de Judá,
de ninguna manera eres la más pequeña
entre los gobernadores de Judá;
porque de ti saldrá un gobernante
que pastoreará a mi pueblo Israel.
7 Entonces Herodes llamó en secreto a los magos e indagó de ellos el tiempo de la aparición de la estrella. 8 Y enviándolos a Belén, les dijo:
-Id y averiguad con cuidado acerca del niño. Tan pronto le halléis, hacédmelo saber, para que yo también vaya y le adore.
9 Ellos, después de oír al rey, se fueron. Y he aquí la estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que llegó y se detuvo sobre donde estaba el niño. 10 Al ver la estrella, se regocijaron con gran alegría. 11 Cuando entraron en la casa, vieron al niño con María su madre, y postrándose le adoraron. Entonces abrieron sus tesoros y le ofrecieron presentes de oro, incienso y mirra. 12 Pero advertidos por revelación en sueños que no volviesen a Herodes, regresaron a su país por otro camino.
La huida a Egipto
13 Después que ellos partieron, he aquí un ángel
del Señor apareció en sueños a José, diciendo:
"Levántate; toma al niño y a su madre, y huye a Egipto.
Quédate allá hasta que yo te diga, porque Herodes va a buscar
al niño para matarlo."
14 Entonces José se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y se fue a Egipto. 15 Y estuvo allí hasta la muerte de Herodes, para que se cumpliese lo que habló el Señor por medio del profeta, diciendo: De Egipto llamé a mi hijo.
La masacre de los niños
16 Entonces Herodes, al verse burlado por los magos, se enojó
sobremanera y mandó matar a todos los niños varones en Belén
y en todos sus alrededores, de dos años de edad para abajo, conforme
al tiempo que había averiguado de los magos. 17 Entonces
se cumplió lo dicho por medio del profeta Jeremías, diciendo:
18 Voz fue oída en Ramá;
grande llanto y lamentación.
Raquel lloraba por sus hijos,
y no quería ser consolada,
porque perecieron.
El regreso de Egipto
19 Cuando había muerto Herodes, he aquí un ángel
del Señor apareció en sueños a José en Egipto,
20 diciendo: "Levántate, toma al niño y a su madre,
y vé a la tierra de Israel, porque han muerto los que procuraban quitar
la vida al niño."
21 Entonces él se levantó, tomó al niño y a su madre, y entró en la tierra de Israel. 22 Pero, al oír que Arquelao reinaba en Judea en lugar de su padre Herodes, tuvo miedo de ir allá; y advertido por revelación en sueños, fue a las regiones de Galilea. 23 Habiendo llegado, habitó en la ciudad que se llama Nazaret. Así se cumplió lo dicho por medio de los profetas, que había de ser llamado nazareno.
Ministerio de Juan el Bautista
3
En aquellos días apareció Juan el Bautista predicando en el
desierto de Judea 2 y diciendo: "Arrepentíos, porque el
reino de los cielos se ha acercado." 3 Pues éste es aquel
de quien fue dicho por medio del profeta Isaías:
Voz del que proclama en el desierto:
"Preparad el camino del Señor;
enderezad sus sendas."
4 Juan mismo estaba vestido de pelo de camello y con un cinto de cuero a la cintura. Su comida era langostas y miel silvestre. 5 Entonces salían a él Jerusalén y toda Judea y toda la región del Jordán, 6 y confesando sus pecados eran bautizados por él en el río Jordán.
7 Pero cuando Juan vio que muchos de los fariseos y de los saduceos venían a su bautismo, les decía: "¡Generación de víboras! ¿Quién os enseñó a huir de la ira venidera? 8 Producid, pues, frutos dignos de arrepentimiento; 9 y no penséis decir dentro de vosotros: A Abraham tenemos por padre. Porque yo os digo que aun de estas piedras Dios puede levantar hijos a Abraham. 10 El hacha ya está puesta a la raíz de los árboles. Por tanto, todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado al fuego. 11 Yo, a la verdad, os bautizo en agua para arrepentimiento; pero el que viene después de mí, cuyo calzado no soy digno de llevar, es más poderoso que yo. El os bautizará en el Espíritu Santo y fuego. 12 Su aventador está en su mano, y limpiará su era. Recogerá su trigo en el granero y quemará la paja en el fuego que nunca se apagará."
El bautismo de Jesús
13 Entonces Jesús vino de Galilea al Jordán, a Juan,
para ser bautizado por él. 14 Pero Juan procuraba
impedírselo diciendo:
-Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?
15 Pero Jesús le respondió:
-Permítelo por ahora, porque así nos conviene cumplir toda justicia.
Entonces se lo permitió. 16 Y cuando Jesús fue bautizado, en seguida subió del agua, y he aquí los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma y venía sobre él. 17 Y he aquí, una voz de los cielos decía: "Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia."
La tentación de Jesús
4
Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para
ser tentado por el diablo. 2 Y después de haber ayunado
cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre. 3 El tentador
se acercó y le dijo:
-Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan.
4 Pero él respondió y dijo:
-Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.
5 Entonces el diablo le llevó a la santa ciudad, le puso de pie sobre el pináculo del templo, 6 y le dijo:
-Si eres Hijo de Dios, échate abajo, porque escrito está:
A sus ángeles mandará acerca de ti,
y en sus manos te llevarán,
de modo que nunca tropieces
con tu pie en piedra.
7 Jesús le dijo:
-Además está escrito: No pondrás a prueba al Señor tu Dios.
8 Otra vez el diablo le llevó a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y su gloria. 9 Y le dijo:
-Todo esto te daré, si postrado me adoras.
10 Entonces Jesús le dijo:
-Vete, Satanás, porque escrito está:
Al Señor tu Dios adorarás
y a él solo servirás.
11 Entonces el diablo le dejó, y he aquí, los ángeles vinieron y le servían.
Jesús inicia su ministerio en Galilea
12 Y cuando Jesús oyó que Juan había sido
encarcelado, regresó a Galilea. 13 Y habiendo dejado Nazaret,
fue y habitó en Capernaúm, ciudad junto al mar en la región
de Zabulón y Neftalí, 14 para que se cumpliese lo
dicho por medio del profeta Isaías, diciendo:
15 Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí,
camino del mar, al otro lado del Jordán,
Galilea de los gentiles.
16 El pueblo que moraba en tinieblas
vio una gran luz.
A los que moraban en región y sombra de muerte,
la luz les amaneció.
17 Desde entonces Jesús comenzó a predicar y a decir: "¡Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado!"
Jesús llama a los primeros discípulos
18 Mientras andaba junto al mar de Galilea, Jesús vio a
dos hermanos: a Simón, que es llamado Pedro, y a su hermano Andrés.
Estaban echando una red en el mar, porque eran pescadores. 19 Y
les dijo: "Venid en pos de mí, y os
haré pescadores de hombres." 20 Y de inmediato ellos
dejaron sus redes y le siguieron.
21 Y pasando más adelante, vio a otros dos hermanos, Jacobo hijo de Zebedeo y Juan su hermano, en la barca con su padre Zebedeo, arreglando sus redes. Los llamó, 22 y en seguida ellos dejaron la barca y a su padre, y le siguieron.
Jesús predica en Galilea
23 Jesús recorría toda Galilea enseñando
en las sinagogas de ellos, predicando el evangelio del reino y sanando toda
enfermedad y toda dolencia en el pueblo. 24 Su fama corrió
por toda Siria, y le trajeron todos los que tenían males: los que
padecían diversas enfermedades y dolores, los endemoniados, los
lunáticos y los paralíticos. Y él los sanó. 25
Le siguieron grandes multitudes de Galilea, de Decápolis, de
Jerusalén, de Judea y del otro lado del Jordán.
EL SERMON DEL MONTE
5
Cuando vio la multitud, subió al monte; y al sentarse él,
se le acercaron sus discípulos. 2 Y abriendo su boca, les
enseñaba diciendo:
Las bienaventuranzas
3 "Bienaventurados los pobres en
espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.
4 "Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.
5 "Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad.
6 "Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.
7 "Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos recibirán misericordia.
8 "Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios.
9 "Bienaventurados los que hacen la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.
10 "Bienaventurados los que son perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.
11 "Bienaventurados sois cuando os vituperan y os persiguen, y dicen toda clase de mal contra vosotros por mi causa, mintiendo. 12 Gozaos y alegraos, porque vuestra recompensa es grande en los cielos; pues así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros.
La sal de la tierra y la luz del mundo
13 "Vosotros sois la sal de la tierra.
Pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué será salada?
No vale más para nada, sino para ser echada fuera y pisoteada por
los hombres.
14 "Vosotros sois la luz del mundo. Una ciudad asentada sobre un monte no puede ser escondida. 15 Tampoco se enciende una lámpara para ponerla debajo de un cajón, sino sobre el candelero; y así alumbra a todos los que están en la casa. 16 Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, de modo que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.
El verdadero cumplimiento de la ley
17 "No penséis que he venido
para abrogar la Ley o los Profetas. No he venido para abrogar, sino para
cumplir. 18 De cierto os digo
que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni siquiera una jota ni una tilde
pasará de la ley hasta que todo haya sido cumplido.
19 "Por lo tanto, cualquiera que quebranta el más pequeño de estos mandamientos y así enseña a los hombres, será considerado el más pequeño en el reino de los cielos. Pero cualquiera que los cumple y los enseña, éste será considerado grande en el reino de los cielos. 20 Porque os digo que a menos que vuestra justicia sea mayor que la de los escribas y de los fariseos, jamás entraréis en el reino de los cielos.
Acerca de la ira
21 "Habéis oído que
fue dicho a los antiguos: No
cometerás
homicidio; y cualquiera que comete homicidio será culpable
en el juicio. 22 Pero yo os
digo que todo el que se enoja con su hermano será culpable en el juicio.
Cualquiera que le llama a su hermano necio será culpable
ante el
Sanedrín; y cualquiera que le
llama
fatuo será expuesto al
infierno
de fuego.
23 "Por tanto, si has traído tu ofrenda al altar y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, 24 deja tu ofrenda allí delante del altar, y vé, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces vuelve y ofrece tu ofrenda.
25 "Reconcíliate pronto con tu adversario mientras estás con él en el camino; no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al guardia, y seas echado en la cárcel. 26 De cierto te digo que jamás saldrás de allí hasta que pagues el último cuadrante.
Acerca del adulterio
27 "Habéis oído que
fue dicho: No cometerás
adulterio.
28 Pero yo os digo que todo el que
mira a una mujer para codiciarla ya adulteró con ella en su
corazón. 29 Por tanto,
si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo y échalo
de ti. Porque es mejor para ti que se pierda uno de tus miembros, y no que
todo tu cuerpo sea echado al
infierno. 30
Y si tu mano derecha te es ocasión
de caer, córtala y échala de ti. Porque es mejor para ti que
se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al
infierno.
31 "También fue dicho: Cualquiera que despide a su mujer, déle carta de divorcio. 32 Pero yo os digo que todo aquel que se divorcia de su mujer, a no ser por causa de adulterio, hace que ella cometa adulterio. Y el que se casa con la mujer divorciada comete adulterio.
Acerca de la mentira
33 "Además, habéis
oído que fue dicho a los antiguos:
No jurarás
falsamente; sino que
cumplirás al Señor tus
juramentos.
34 Pero yo os digo: No juréis
en ninguna manera; ni por el cielo, porque es el trono de Dios; 35
ni por la tierra, porque es el estrado
de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del Gran Rey.
36 No jurarás ni por tu cabeza,
porque no puedes hacer que un cabello sea ni blanco ni negro. 37
Pero sea vuestro hablar,
sí, sí, y no, no.
Porque lo que va más allá de esto, procede del
mal.
Acerca de la venganza
38 "Habéis oído que
fue dicho a los antiguos: Ojo por
ojo y
diente por
diente.
39 Pero yo os digo: No resistáis
al malo. Más bien, a cualquiera que te golpea en la mejilla derecha,
vuélvele también la otra. 40
Y al que quiera llevarte a juicio y quitarte
la túnica, déjale también el manto. 41
A cualquiera que te obligue a llevar carga
por una
milla,
vé con él dos. 42
Al que te pida, dale; y al que quiera
tomar de ti prestado, no se lo niegues.
Acerca del odio
43 "Habéis oído que
fue dicho: Amarás a tu
prójimo y aborrecerás a tu enemigo. 44
Pero yo os digo: Amad a vuestros
enemigos,
y orad por los
que
os persiguen; 45 de modo que
seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, porque
él hace salir su sol sobre malos y buenos, y hace llover sobre justos
e injustos. 46 Porque si
amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tenéis?
¿No hacen lo mismo también los publicanos? 47
Y si saludáis solamente a vuestros
hermanos, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen eso
mismo los gentiles? 48 Sed,
pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos
es perfecto.
Sobre las obras de misericordia
6
"Guardaos de hacer vuestra justicia delante
de los hombres, para ser vistos por ellos. De lo contrario, no tendréis
recompensa de vuestro Padre que está en los cielos. 2
Cuando, pues, hagas obras de misericordia,
no hagas tocar trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en
las sinagogas y en las calles, para ser honrados por los hombres. De cierto
os digo que ellos ya tienen su recompensa. 3
Pero cuando tú hagas obras de
misericordia, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha, 4
de modo que tus obras de misericordia
sean en secreto. Y tu Padre que ve en secreto te recompensará.
Sobre la oración: el Padre Nuestro
5 "Cuando oréis, no
seáis
como los hipócritas, que aman orar de pie en las sinagogas y en las
esquinas de las calles, para ser vistos por los hombres. De cierto os digo
que ya tienen su recompensa. 6
Pero tú, cuando ores, entra en
tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en
secreto; y tu Padre que ve en secreto te
recompensará.
7 Y al orar, no uséis vanas
repeticiones, como los gentiles, que piensan que serán oídos
por su palabrería. 8
Por tanto, no os hagáis semejantes
a ellos, porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad
antes que vosotros le pidáis. 9
Vosotros, pues, orad así:
Padre nuestro que estás en los cielos:
Santificado sea tu nombre,
10 venga tu reino,
sea hecha tu voluntad,
como en el cielo
así también en la tierra.
11 El pan nuestro de cada día,
dánoslo hoy.
12 Perdónanos nuestras deudas,
como también nosotros perdonamos
a nuestros deudores.
13 Y no nos metas en tentación,
mas líbranos del mal.
[Porque tuyo es el reino,
el poder y la gloria
por todos los siglos. Amén.]
14 Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, vuestro Padre celestial también os perdonará a vosotros. 15 Pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.
Sobre el ayuno
16 "Cuando ayunéis, no os
hagáis los decaídos, como los hipócritas, que descuidan
su
apariencia
para mostrar a los hombres que ayunan. De cierto os digo que ya tienen su
recompensa. 17 Pero tú,
cuando ayunes, unge tu cabeza y lávate la cara, 18
de modo que no muestres a los hombres
que ayunas, sino a tu Padre que está en secreto. Y tu Padre que ve
en secreto te
recompensará.
Sobre las riquezas
19 "No acumuléis para vosotros
tesoros en la tierra, donde la polilla y el óxido corrompen, y donde
los ladrones se meten y roban. 20
Más bien, acumulad para vosotros
tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el óxido corrompen, y
donde los ladrones no se meten ni roban. 21
Porque donde esté
tu
tesoro, allí también estará
tu
corazón.
El ojo: lámpara del cuerpo
22 "La lámpara del cuerpo
es el ojo. Así que, si tu ojo está sano, todo tu cuerpo
estará lleno de luz. 23
Pero si tu ojo es malo, todo tu cuerpo
estará en tinieblas. De modo que, si la luz que hay en ti es oscuridad,
¡cuán grande es esa oscuridad!
Las prioridades en la vida
24 "Nadie puede servir a dos
señores; porque aborrecerá al uno y amará al otro, o
se dedicará al uno y menospreciará al otro. No podéis
servir a Dios y a las
riquezas.
25 "Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? 26 Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No sois vosotros de mucho más valor que ellas? 27 ¿Quién de vosotros podrá, por más que se afane, añadir a su estatura un codo? 28 ¿Por qué os afanáis por el vestido? Mirad los lirios del campo, cómo crecen. Ellos no trabajan ni hilan; 29 pero os digo que ni aun Salomón, con toda su gloria, fue vestido como uno de ellos. 30 Si Dios viste así la hierba del campo, que hoy está y mañana es echada en el horno, ¿no hará mucho más por vosotros, hombres de poca fe?
31 "Por tanto, no os afanéis diciendo: ¿Qué comeremos? o ¿Qué beberemos? o ¿Con qué nos cubriremos? 32 Porque los gentiles buscan todas estas cosas, pero vuestro Padre que está en los cielos sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. 33 Más bien, buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. 34 Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su propio afán. Basta a cada día su propio mal.
El juzgar a los demás
7
"No juzguéis, para que no seáis
juzgados. 2 Porque con el
juicio con que juzgáis seréis juzgados, y con la medida con
que medís se os medirá.
3 "¿Por qué miras la brizna de paja que está en el ojo de tu hermano, y dejas de ver la viga que está en tu propio ojo? 4 ¿Cómo dirás a tu hermano: Deja que yo saque la brizna de tu ojo, y he aquí la viga está en el tuyo? 5 ¡Hipócrita! Saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces podrás ver para sacar la brizna del ojo de tu hermano.
6 "No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos, no sea que las pisoteen y después se vuelvan contra vosotros y os despedacen.
La eficacia de la oración
7 "Pedid, y se os dará. Buscad
y hallaréis. Llamad, y se os abrirá. 8
Porque todo el que pide recibe, el que
busca halla, y al que llama se le abrirá. 9
¿Qué hombre hay entre vosotros
que, al hijo que le pide pan, le dará una piedra? 10
¿O al que le pide pescado, le dará
una serpiente? 11 Pues si
vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos,
¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos
dará cosas buenas a los que le piden?
La regla de oro
12 "Así que, todo lo que
queráis que los hombres hagan por vosotros, así también
haced por ellos, porque esto es la Ley y los Profetas.
La puerta y el camino de la vida
13 "Entrad por la puerta estrecha;
porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición,
y son muchos los que entran por ella. 14
Pero ¡qué estrecha es la puerta
y qué angosto el camino que lleva a la vida! Y son pocos los que la
hallan.
Cómo reconocer a los falsos profetas
15 "Guardaos de los falsos profetas,
que vienen a vosotros vestidos de ovejas, pero que por dentro son lobos
rapaces. 16 Por sus frutos
los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos
de los abrojos? 17 Así
también, todo árbol sano da buenos frutos, pero el árbol
podrido da malos frutos. 18 El
árbol sano no puede dar malos frutos, ni tampoco puede el árbol
podrido dar buenos frutos. 19
Todo árbol que no lleva buen fruto
es cortado y echado en el fuego. 20
Así que, por sus frutos los
conoceréis.
Parábola de los dos cimientos
21 "No todo el que me dice
Señor, Señor entrará en el reino de los
cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los
cielos. 22 Muchos me dirán
en aquel día: ¡Señor, Señor! ¿No
profetizamos en tu nombre? ¿En tu nombre no echamos demonios? ¿Y
en tu nombre no hicimos muchas obras poderosas? 23
Entonces yo les declararé: Nunca
os he conocido. ¡Apartaos de mí, obradores de maldad!
24 "Cualquiera, pues, que me oye estas palabras y las hace, será semejante a un hombre prudente que edificó su casa sobre la peña. 25 Y cayó la lluvia, vinieron torrentes, soplaron vientos y golpearon contra aquella casa. Pero ella no se derrumbó, porque se había fundado sobre la peña.
26 "Pero todo el que me oye estas palabras y no las hace, será semejante a un hombre insensato que edificó su casa sobre la arena. 27 Cayó la lluvia, vinieron torrentes, y soplaron vientos, y azotaron contra aquella casa. Y se derrumbó, y fue grande su ruina."
28 Y aconteció que cuando Jesús terminó estas palabras, las multitudes estaban maravilladas de su enseñanza; 29 porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.
Jesús sana a un leproso
8
Cuando descendió del monte, le siguió mucha gente. 2 Y
he aquí vino un leproso y se postró ante él diciendo:
-¡Señor, si quieres, puedes limpiarme!
3 Jesús extendió la mano y le tocó diciendo:
-Quiero. ¡Sé limpio!
Y al instante quedó limpio de la lepra. 4 Entonces Jesús le dijo:
-Mira, no lo digas a nadie; pero vé, muéstrate al sacerdote y ofrece la ofrenda que mandó Moisés, para testimonio a ellos.
Jesús sana al criado del centurión
5 Cuando Jesús entró en Capernaúm, vino a
él un centurión y le rogó 6 diciendo:
-Señor, mi criado está postrado en casa, paralítico, y sufre terribles dolores.
7 Y le dijo:
-Yo iré y le sanaré.
8 Respondió el centurión y dijo:
-Señor, yo no soy digno de que entres bajo mi techo. Solamente di la palabra, y mi criado será sanado. 9 Porque yo también soy un hombre bajo autoridad y tengo soldados bajo mi mando. Si digo a éste: "Vé", él va; si digo al otro: "Ven", él viene; y si digo a mi siervo: "Haz esto", él lo hace.
10 Cuando Jesús oyó esto, se maravilló y dijo a los que le seguían:
-De cierto os digo que no he hallado tanta fe en ninguno en Israel. 11 Y os digo que muchos vendrán del oriente y del occidente y se sentarán con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los cielos, 12 pero los hijos del reino serán echados a las tinieblas de afuera. Allí habrá llanto y crujir de dientes.
13 Entonces Jesús dijo al centurión:
-Vé, y como creíste te sea hecho.
Y su criado fue sanado en aquella hora.
Jesús sana a la suegra de Pedro
14 Entró Jesús en la casa de Pedro, y vio que su
suegra estaba postrada en cama con fiebre. 15 El le tocó
la mano, y la fiebre la dejó. Luego ella se levantó y comenzó
a servirle.
16 Al atardecer, trajeron a él muchos endemoniados. Con su palabra echó fuera a los espíritus y sanó a todos los enfermos, 17 de modo que se cumpliese lo dicho por medio del profeta Isaías, quien dijo:
El mismo tomó nuestras debilidades
y cargó con nuestras enfermedades.
Lo que cuesta seguir a Jesús
18 Cuando se vio rodeado de una multitud, Jesús
mandó que pasasen a la otra orilla. 19 Entonces se le
acercó un escriba y le dijo:
-Maestro, te seguiré a dondequiera que tú vayas.
20 Jesús le dijo:
-Las zorras tienen cuevas, y las aves del cielo tienen nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza.
21 Otro de sus discípulos le dijo:
-Señor, permíteme que primero vaya y entierre a mi padre.
22 Pero Jesús le dijo:
-Sígueme y deja que los muertos entierren a sus muertos.
Jesús calma la tempestad
23 El entró en la barca, y sus discípulos le siguieron.
24 Y de repente se levantó una tempestad tan grande en
el mar que las olas cubrían la barca, pero él dormía.
25 Y acercándose, le despertaron diciendo:
-¡Señor, sálvanos, que perecemos!
26 Y él les dijo:
-¿Por qué estáis miedosos, hombres de poca fe?
Entonces se levantó y reprendió a los vientos y al mar, y se hizo grande bonanza. 27 Los hombres se maravillaron y decían:
-¿Qué clase de hombre es éste, que hasta los vientos y el mar le obedecen?
Jesús sana a dos endemoniados
28 Una vez llegado a la otra orilla, a la región de los
gadarenos, le vinieron al encuentro dos endemoniados que habían
salido de los sepulcros. Eran violentos en extremo, tanto que nadie podía
pasar por aquel camino. 29 Y he aquí, ellos lanzaron gritos
diciendo:
-¿Qué tienes con nosotros, Hijo de Dios? ¿Has venido acá para atormentarnos antes de tiempo?
30 Lejos de ellos estaba paciendo un gran hato de cerdos, 31 y los demonios le rogaron diciendo:
-Si nos echas fuera, envíanos a aquel hato de cerdos.
32 El les dijo:
-¡Id!
Ellos salieron y se fueron a los cerdos, y he aquí todo el hato de cerdos se lanzó al mar por un despeñadero, y murieron en el agua.
33 Los que apacentaban los cerdos huyeron, se fueron a la ciudad y lo contaron todo, aun lo que había pasado a los endemoniados. 34 Y he aquí, toda la ciudad salió al encuentro de Jesús; y cuando le vieron, le rogaban que se fuera de sus territorios.
Jesús sana a un paralítico
9
Habiendo entrado en la barca, Jesús pasó a la otra orilla y
llegó a su propia ciudad. 2 Entonces le trajeron un
paralítico tendido sobre una camilla. Y viendo Jesús la fe
de ellos, dijo al paralítico:
-Ten ánimo, hijo; tus pecados te son perdonados.
3 He aquí, algunos de los escribas dijeron entre sí:
-¡Este blasfema!
4 Y conociendo Jesús sus pensamientos, les dijo:
-¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones? 5 Porque, ¿qué es más fácil decir: "Tus pecados te son perdonados" o decir: "Levántate y anda"? 6 Pero para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene autoridad para perdonar pecados en la tierra, -entonces dijo al paralítico-: ¡Levántate; toma tu camilla y vete a tu casa!
7 Y se levantó y se fue a su casa. 8 Cuando las multitudes vieron esto, temieron y glorificaron a Dios, quien había dado semejante autoridad a los hombres.
El llamamiento de Mateo
9 Pasando de allí más adelante, Jesús vio
a un hombre llamado Mateo, sentado en el lugar de los tributos públicos,
y le dijo: "¡Sígueme!" Y
él se levantó y le siguió.
10 Sucedió que, estando Jesús sentado a la mesa en casa, he aquí muchos publicanos y pecadores que habían venido estaban sentados a la mesa con Jesús y sus discípulos. 11 Y cuando los fariseos le vieron, decían a sus discípulos:
-¿Por qué come vuestro maestro con los publicanos y pecadores?
12 Al oírlo, Jesús les dijo:
-Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los que están enfermos. 13 Id, pues, y aprended qué significa: Misericordia quiero y no sacrificio. Porque yo no he venido para llamar a justos, sino a pecadores.
Preguntas sobre el ayuno
14 Entonces los discípulos de Juan fueron a Jesús
y dijeron:
-¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos frecuentemente, pero tus discípulos no ayunan?
15 Jesús les dijo:
-¿Pueden tener luto los que están de bodas mientras el novio está con ellos? Pero vendrán días cuando el novio les será quitado, y entonces ayunarán. 16 Nadie pone parche de tela nueva en vestido viejo, porque el parche tira del vestido y la rotura se hace peor. 17 Tampoco echan vino nuevo en odres viejos, porque los odres se rompen, el vino se derrama, y los odres se echan a perder. Más bien, echan vino nuevo en odres nuevos, y ambos se conservan.
Jesús sana a una mujer
18 Mientras él hablaba estas cosas, he aquí vino
un hombre principal y se postró delante de él diciéndole:
-Mi hija acaba de morir. Pero ven y pon tu mano sobre ella, y vivirá.
19 Jesús se levantó y le siguió con sus discípulos. 20 Y he aquí una mujer que sufría de hemorragia desde hacía doce años, se le acercó por detrás y tocó el borde de su manto; 21 porque ella pensaba dentro de sí: "Si solamente toco su vestido, seré sanada." 22 Pero Jesús, volviéndose y mirándola, dijo:
-Ten ánimo, hija, tu fe te ha salvado.
Y la mujer fue sanada desde aquella hora.
Jesús resucita a una niña
23 Cuando Jesús llegó a la casa del principal y
vio a los que tocaban las flautas y a la multitud que hacía bullicio,
24 les dijo:
-Apartaos, porque la muchacha no ha muerto, sino que duerme.
Y se burlaban de él. 25 Cuando habían sacado a la gente, él entró y la tomó de la mano; y la muchacha se levantó. 26 Y salió esta noticia por toda aquella tierra.
Jesús sana a dos ciegos
27 Mientras Jesús pasaba de allí, le siguieron dos
ciegos clamando a gritos y diciendo:
-¡Ten misericordia de nosotros, hijo de David!
28 Cuando él llegó a la casa, los ciegos vinieron a él. Y Jesús les dijo:
-¿Creéis que puedo hacer esto?
Ellos dijeron:
-Sí, Señor.
29 Entonces les tocó los ojos diciendo:
-Conforme a vuestra fe os sea hecho.
30 Y los ojos de ellos fueron abiertos. Entonces Jesús les encargó rigurosamente diciendo:
-Mirad que nadie lo sepa.
31 Pero ellos salieron y difundieron su fama por toda aquella tierra.
Jesús sana a un endemoniado mudo
32 Mientras aquéllos salían, he aquí le trajeron
un hombre mudo endemoniado. 33 Y tan pronto fue echado fuera el
demonio, el mudo habló. Y las multitudes se maravillaban diciendo:
-¡Nunca se ha visto semejante cosa en Israel!
34 Pero los fariseos decían:
-Por el príncipe de los demonios echa fuera los demonios.
Jesús se compadece de la gente
35 Jesús recorría todas las ciudades y las aldeas,
enseñando en sus sinagogas, predicando el evangelio del reino y sanando
toda enfermedad y toda dolencia. 36 Y cuando vio las
multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban acosadas y
desamparadas como ovejas que no tienen pastor. 37 Entonces dijo
a sus discípulos: "A la verdad, la
mies
es mucha, pero los obreros son pocos. 38
Rogad, pues, al Señor de la mies,
que envíe obreros a su mies."
Jesús comisiona a los doce
10
Entonces llamó a sus doce discípulos y les dio autoridad sobre
los espíritus inmundos para echarlos fuera, y para sanar toda enfermedad
y toda dolencia. 2 Los nombres de los doce apóstoles son
éstos: primero Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés;
también Jacobo hijo de Zebedeo, y su hermano Juan; 3 Felipe
y Bartolomé; Tomás y Mateo el publicano; Jacobo hijo de Alfeo,
y Tadeo; 4 Simón el cananita y Judas Iscariote, quien le
entregó.
La misión de los doce
5 A estos doce los envió Jesús, dándoles
instrucciones diciendo: "No vayáis por
los caminos de los gentiles, ni entréis en las ciudades de los
samaritanos. 6 Pero id, más
bien, a las ovejas perdidas de la casa de Israel. 7
Y cuando vayáis, predicad diciendo:
El reino de los cielos se ha
acercado. 8
Sanad enfermos, resucitad muertos, limpiad
leprosos, echad fuera demonios. De
gracia
habéis recibido; dad de gracia.
9 "No os proveáis ni de oro, ni de plata, ni de cobre en vuestros cintos. 10 Tampoco llevéis bolsas para el camino, ni dos vestidos, ni zapatos, ni bastón; porque el obrero es digno de su alimento. 11 En cualquier ciudad o aldea donde entréis, averiguad quién en ella sea digno y quedaos allí hasta que salgáis. 12 Al entrar en la casa, saludadla. 13 Si la casa es digna, venga vuestra paz sobre ella. Pero si no es digna, vuelva vuestra paz a vosotros. 14 Y en caso de que no os reciban ni escuchen vuestras palabras, salid de aquella casa o ciudad y sacudid el polvo de vuestros pies. 15 De cierto os digo que en el día del juicio será más tolerable para los de la tierra de Sodoma y de Gomorra, que para aquella ciudad.
Las persecuciones venideras
16 "He aquí, yo os envío
como a ovejas en medio de lobos. Sed, pues, astutos como serpientes y sencillos
como palomas. 17 Guardaos
de los hombres, porque os entregarán a los tribunales y en sus sinagogas
os azotarán. 18
Seréis llevados aun ante gobernadores
y reyes por mi causa, para dar testimonio a ellos y a los gentiles.
19 Pero cuando os entreguen, no os
preocupéis de cómo o qué hablaréis, porque os
será dado en aquella hora lo que habéis de decir. 20
Pues no sois vosotros los que hablaréis,
sino el Espíritu de vuestro Padre que hablará en vosotros.
21 "El hermano entregará a muerte a su hermano, y el padre a su hijo. Se levantarán los hijos contra sus padres y los harán morir. 22 Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre. Pero el que persevere hasta el fin, éste será salvo. 23 Y cuando os persigan en una ciudad, huid a la otra. Porque de cierto os digo que de ningún modo acabaréis de recorrer todas las ciudades de Israel antes que venga el Hijo del Hombre.
24 "El discípulo no es más que su maestro, ni el siervo más que su señor. 25 Bástale al discípulo ser como su maestro, y al siervo como su señor. Si al padre de familia le llamaron Beelzebul, ¡cuánto más lo harán a los de su casa!
Jesús infunde valor a los suyos
26 "Así que, no les temáis.
Porque no hay nada encubierto que no será revelado, ni oculto que
no será conocido. 27 Lo
que os digo en privado, decidlo en público; y lo que oís al
oído, proclamadlo desde las azoteas. 28
No temáis a los que matan el cuerpo
pero no pueden matar al alma. Más bien, temed a aquel que puede destruir
tanto el alma como el cuerpo en el
infierno. 29
¿Acaso no se venden dos pajaritos
por un
cuarto?
Con todo, ni uno de ellos cae a tierra sin el consentimiento de vuestro
Padre. 30 Pues aun vuestros
cabellos están todos contados. 31
Así que, no temáis; más
valéis vosotros que muchos pajaritos.
32 "Por tanto, a todo el que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos. 33 Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos.
Recompensas del discipulado
34 "No penséis que he venido
para traer paz a la tierra. No he venido para traer paz, sino espada.
35 Porque yo he venido para poner
en disensión al hombre contra
su padre,
a la hija contra su madre y a la nuera
contra su suegra. 36
Y
los enemigos de un hombre serán
los de su propia
casa.
37 "El que ama a padre o a madre más que a mí no es digno de mí, y el que ama a hijo o a hija más que a mí no es digno de mí. 38 El que no toma su cruz y sigue en pos de mí no es digno de mí. 39 El que halla su vida la perderá, y el que pierde su vida por mi causa la hallará.
40 "El que os recibe a vosotros a mí me recibe, y el que me recibe a mí recibe al que me envió. 41 El que recibe a un profeta porque es profeta, recibirá recompensa de profeta; y el que recibe a un justo porque es justo, recibirá recompensa de justo. 42 Cualquiera que da a uno de estos pequeñitos un vaso de agua fría solamente porque es mi discípulo, de cierto os digo que jamás perderá su recompensa."
Los mensajeros de Juan el Bautista
11
Aconteció que, cuando Jesús acabó de dar
instrucciones a sus doce discípulos, se fue de allí a enseñar
y a predicar en las ciudades de ellos.
2 Ahora bien, cuando oyó Juan en la cárcel de los hechos de Cristo, envió a él por medio de sus discípulos, 3 y le dijo:
-¿Eres tú aquel que ha de venir, o esperaremos a otro?
4 Y respondiendo Jesús les dijo:
-Id y haced saber a Juan las cosas que oís y veis: 5 Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son hechos limpios, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres se les anuncia el evangelio. 6 Y bienaventurado es el que no toma ofensa en mí.
Jesús testifica de Juan el Bautista
7 Mientras ellos se iban, Jesús comenzó a hablar
de Juan a las multitudes: "¿Qué
salisteis a ver en el desierto? ¿Una caña sacudida por el
viento? 8 Entonces,
¿qué salisteis a ver? ¿Un hombre vestido de ropa delicada?
He aquí, los que se visten con ropa delicada están en los palacios
de los reyes. 9 Entonces,
¿qué salisteis a ver? ¿Un profeta? ¡Sí, os digo,
y más que profeta! 10
Este es aquel de quien está
escrito:
He aquí yo envío mi mensajero
delante de tu rostro,
quien preparará tu camino
delante de ti.
11 De cierto os digo que no se ha levantado entre los nacidos de mujer ningún otro mayor que Juan el Bautista. Sin embargo, el más pequeño en el reino de los cielos es mayor que él. 12 Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos se apoderan de él. 13 Porque todos los Profetas y la Ley profetizaron hasta Juan. 14 Y si lo queréis recibir, él es el Elías que había de venir. 15 El que tiene oídos, oiga.
16 "Pero, ¿a qué compararé esta generación? Es semejante a los muchachos que se sientan en las plazas y dan voces a sus compañeros, 17 diciendo:
Os tocamos la flauta,
y no bailasteis;
entonamos canciones de duelo
y no lamentasteis.
18 Porque vino Juan, que no comía ni bebía, y dicen: Tiene demonio. 19 Y vino el Hijo del Hombre, que come y bebe, y dicen: He aquí un hombre comilón y bebedor de vino, amigo de publicanos y de pecadores. Pero la sabiduría es justificada por sus hechos."
Ayes sobre las ciudades
20 Entonces comenzó a reprender a las ciudades en las cuales
se realizaron muchos de sus hechos poderosos, porque no se habían
arrepentido: 21 "¡Ay de ti,
Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si se hubieran realizado
en Tiro y en Sidón los hechos poderosos que se realizaron en vosotras,
ya hace tiempo se habrían arrepentido en saco y ceniza. 22
Pero os digo que en el día del
juicio el castigo para Tiro y Sidón será más tolerable
que para vosotras.
23 "Y tú, Capernaúm, ¿serás exaltada hasta el cielo? ¡Hasta el Hades serás hundida! Porque si entre los de Sodoma se hubieran realizado los hechos poderosos que se realizaron en ti, habrían permanecido hasta hoy. 24 Pero os digo que en el día del juicio el castigo será más tolerable para la tierra de Sodoma, que para ti."
Jesús ofrece descanso para el alma
25 En aquel tiempo Jesús respondió y dijo:
"Te alabo, oh Padre, Señor del cielo
y de la tierra, porque has escondido estas cosas de los sabios y entendidos,
y las has revelado a los niños. 26
Sí, Padre, porque así te
agradó.
27 "Todas las cosas me han sido entregadas por mi Padre. Nadie conoce bien al Hijo, sino el Padre. Nadie conoce bien al Padre, sino el Hijo y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar.
28 "Venid a mí, todos los que estáis fatigados y cargados, y yo os haré descansar. 29 Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. 30 Porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga."
Jesús: Señor del sábado
12
En ese tiempo, Jesús pasó por los sembrados en sábado.
Sus discípulos tuvieron hambre y comenzaron a arrancar espigas y a
comer. 2 Y al verlo los fariseos, le dijeron:
-Mira, tus discípulos hacen lo que no es lícito hacer en el sábado.
3 El les dijo:
-¿No habéis leído qué hizo David cuando tuvo hambre él y los que estaban con él; 4 cómo entró en la casa de Dios y comieron los panes de la Presencia, cosa que no les era lícito comer ni a él ni a los que estaban con él, sino sólo a los sacerdotes? 5 ¿Tampoco habéis leído en la ley que en los sábados los sacerdotes en el templo profanan el sábado y quedan sin culpa? 6 Pero os digo que uno mayor que el templo está aquí. 7 Si hubierais conocido qué significa Misericordia quiero y no sacrificio, no habríais condenado a los que no tienen culpa. 8 Porque el Hijo del Hombre es Señor del sábado.
El hombre de la mano paralizada
9 Partió de allí y fue a la sinagoga de ellos. 10
Y he aquí había un hombre que tenía la mano
paralizada; y para acusar a Jesús, le preguntaron diciendo:
-¿Es lícito sanar en sábado?
11 Pero él les dijo:
-¿Qué hombre hay entre vosotros que tenga una oveja, que si ésta cae en un pozo en sábado, no le echará mano y la sacará? 12 Pues, ¡cuánto más vale un hombre que una oveja! De manera que es lícito hacer bien en sábado.
13 Entonces dijo a aquel hombre:
-Extiende tu mano.
El la extendió, y su mano fue restaurada sana como la otra. 14 Pero saliendo los fariseos, tomaron consejo contra él, cómo destruirlo.
Jesús: el Siervo del Señor
15 Como Jesús lo supo, se apartó de allí.
Le siguió mucha gente, y a todos los sanó. 16 Y
les mandó rigurosamente que no lo dieran a conocer, 17 para
que se cumpliese lo dicho por medio del profeta Isaías, que dijo:
18 He aquí mi siervo,
a quien he escogido;
mi amado,
en quien se complace mi alma.
Pondré mi Espíritu sobre él,
y anunciará juicio a las naciones.
19 No contenderá, ni dará voces;
ni oirá nadie su voz en las plazas.
20 La caña cascada no quebrará,
y la mecha que humea no apagará,
hasta que saque a triunfo el juicio.
21 Y en su nombre las naciones
pondrán su esperanza.
Por quién Jesús echa fuera demonios
22 Entonces fue traído a él un endemoniado, ciego
y mudo; y le sanó, de manera que el mudo hablaba y veía.
23 Toda la gente estaba atónita y decía:
-¿Acaso será éste el Hijo de David?
24 Pero al oírlo, los fariseos dijeron:
-Este no echa fuera los demonios sino por Beelzebul, el príncipe de los demonios.
25 Pero como Jesús conocía sus pensamientos, les dijo:
-Todo reino dividido contra sí mismo está arruinado. Y ninguna ciudad o casa dividida contra sí misma permanecerá. 26 Y si Satanás echa fuera a Satanás, contra sí mismo está dividido. ¿Cómo, pues, permanecerá en pie su reino? 27 Y si yo echo fuera los demonios por Beelzebul, ¿por quién los echan fuera vuestros hijos? Por tanto, ellos serán vuestros jueces. 28 Pero si por el Espíritu de Dios yo echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado a vosotros el reino de Dios. 29 Porque, ¿cómo puede alguien entrar en la casa de un hombre fuerte y saquear sus bienes a menos que primero ate al hombre fuerte? Y entonces saqueará su casa. 30 El que no está conmigo, contra mí está; y el que conmigo no recoge, desparrama.
31 »Por esto os digo que todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres, pero la blasfemia contra el Espíritu no será perdonada. 32 Y a cualquiera que diga palabra contra el Hijo del Hombre le será perdonado; pero a cualquiera que hable contra el Espíritu Santo no le será perdonado, ni en este mundo, ni en el venidero.
El árbol es conocido por su fruto
33 »O haced bueno el árbol
y bueno su fruto, o haced malo el árbol y malo su fruto; porque el
árbol es conocido por su fruto. 34
¡Generación de víboras!
¿Cómo podréis vosotros, siendo malos, hablar cosas buenas?
Porque de la abundancia del corazón habla la boca. 35
El hombre bueno del buen
tesoro
saca cosas buenas, y el hombre malo del mal tesoro saca cosas malas.
36 Pero yo os digo que en el día
del juicio los hombres darán cuenta de toda palabra ociosa que
hablen. 37 Porque por tus
palabras serás justificado, y por tus palabras serás
condenado.
Jesús se niega a hacer señales
38 Entonces le respondieron algunos de los escribas y de los fariseos,
diciendo:
-Maestro, deseamos ver de ti una señal.
39 El respondió y les dijo:
-Una generación malvada y adúltera demanda señal, pero no le será dada ninguna señal, sino la señal del profeta Jonás. 40 Porque así como Jonás estuvo tres días y tres noches en el vientre del gran pez, así estará el Hijo del Hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches. 41 Los hombres de Nínive se levantarán en el juicio contra esta generación y la condenarán, porque ellos se arrepintieron ante la proclamación de Jonás. ¡Y he aquí uno mayor que Jonás está en este lugar! 42 La reina del Sur se levantará en el juicio contra esta generación y la condenará, porque vino de los confines de la tierra para oír la sabiduría de Salomón. ¡Y he aquí uno mayor que Salomón está en este lugar!
El espíritu inmundo que regresa
43 »Cuando el espíritu
inmundo ha salido del hombre, anda por lugares secos buscando reposo, y no
lo encuentra. 44 Entonces
dice: "Volveré a mi casa de donde salí." Cuando regresa, la
halla desocupada, barrida y adornada. 45
Entonces va y trae consigo otros siete
espíritus peores que él. Y después de entrar, habitan
allí; y el estado final de aquel hombre llega a ser peor que el primero.
Así también sucederá a esta perversa
generación.
La familia de Jesús
46 Mientras todavía hablaba a la gente, he aquí
su madre y sus hermanos estaban afuera, buscando hablar con él.
47 Y alguien le dijo:
-Mira, tu madre y tus hermanos están afuera, buscando hablar contigo.
48 Pero Jesús respondió al que hablaba con él y dijo:
-¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?
49 Entonces extendió su mano hacia sus discípulos y dijo:
-¡He aquí mi madre y mis hermanos! 50 Porque cualquiera que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre.
Parábola del sembrador
13
Aquel día Jesús salió de la casa y se sentó junto
al mar. 2 Y se le acercó mucha gente, de manera que él
entró en una barca para sentarse, y toda la multitud estaba de pie
en la playa.
3 Entonces les habló muchas cosas en parábolas, diciendo: "He aquí un sembrador salió a sembrar. 4 Mientras él sembraba, parte de la semilla cayó junto al camino; y vinieron las aves y la devoraron. 5 Y otra parte cayó en pedregales, donde no había mucha tierra; y brotó rápidamente, porque la tierra no era profunda. 6 Pero cuando salió el sol, se quemó; y porque no tenía raíz, se secó. 7 Y otra parte cayó entre los espinos. Los espinos crecieron y la ahogaron. 8 Y otra parte cayó en buena tierra y dio fruto, una a ciento, otra a sesenta y otra a treinta por uno. 9 El que tiene oídos, que oiga."
El propósito de las parábolas
10 Entonces se acercaron los discípulos y le dijeron:
-¿Por qué les hablas por parábolas?
11 Y él respondiendo les dijo:
-Porque a vosotros se os ha concedido conocer los misterios del reino de los cielos, pero a ellos no se les ha concedido. 12 Porque al que tiene, le será dado, y tendrá más; pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado. 13 Por esto les hablo por parábolas; porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni tampoco entienden. 14 Además, se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dice:
De oído oiréis, y nunca entenderéis;
y mirando miraréis, y nunca veréis.
15 Porque el corazón de este pueblo
se ha vuelto insensible,
y con los oídos han oído torpemente.
Han cerrado sus ojos
para que no vean con los ojos,
ni oigan con los oídos,
ni entiendan con el corazón,
ni se conviertan. Y yo los sanaré.
16 Pero ¡bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen! 17 Porque de cierto os digo que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis y no lo vieron, y oír lo que oís y no lo oyeron.
La parábola del sembrador explicada
18 »Vosotros, pues, oíd
la parábola del sembrador. 19
Cuando alguien oye la palabra del reino
y no la entiende, viene el maligno y arrebata lo que fue sembrado en su
corazón. Este es el que fue sembrado junto al camino. 20
Y el que fue sembrado en pedregales es
el que oye la palabra y en seguida la recibe con gozo; 21
pero no tiene raíz en sí,
sino que es de poca duración, y cuando viene la aflicción o
la persecución por causa de la palabra, en seguida tropieza.
22 Y el que fue sembrado en espinos,
éste es el que oye la palabra, pero las preocupaciones de este
mundo
y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y queda sin fruto.
23 Pero el que fue sembrado en buena
tierra, éste es el que oye la palabra y la entiende, el que de veras
lleva fruto y produce, uno a ciento, otro a sesenta, y otro a treinta por
uno.
Parábola del trigo y la cizaña
24 Les presentó otra parábola diciendo:
"El reino de los cielos es semejante a un hombre
que sembró buena semilla en su campo. 25
Pero mientras dormían los hombres,
vino su enemigo y sembró
cizaña entre el trigo, y se fue. 26
Cuando brotó la hierba y produjo
fruto, entonces apareció también la cizaña. 27
Se acercaron los siervos al dueño
del campo y le preguntaron: Señor, ¿no sembraste buena
semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, tiene
cizaña? 28 Y
él les dijo: Un hombre enemigo ha hecho esto. Los siervos
le dijeron: Entonces, ¿quieres que vayamos y la
recojamos? 29 Pero él
dijo: No; no sea que al recoger la cizaña arranquéis
con ella el trigo. 30 Dejad
crecer a ambos hasta la siega. Cuando llegue el tiempo de la siega, yo diré
a los segadores: Recoged primero la cizaña y atadla en manojos para
quemarla. Pero reunid el trigo en mi granero. "
Parábola del grano de mostaza
31 Les presentó otra parábola diciendo:
"El reino de los cielos es semejante al grano
de mostaza que un hombre tomó y sembró en su campo.
32 Esta es la más pequeña
de todas las semillas; pero cuando crece, es la más grande de las
hortalizas y se convierte en árbol, de modo que vienen las aves del
cielo y hacen nidos en sus ramas."
Parábola de la levadura
33 Les dijo otra parábola: "El
reino de los cielos es semejante a la levadura que una mujer tomó
y escondió en tres
medidas
de harina, hasta que todo quedó leudado."
Las parábolas y las profecías
34 Todo esto habló Jesús en parábolas a las
multitudes y sin parábolas no les hablaba, 35 de manera
que se cumplió lo dicho por medio del profeta diciendo:
Abriré mi boca con parábolas;
publicaré cosas que han estado ocultas
desde la fundación del mundo.
La parábola de la cizaña explicada
36 Entonces, una vez despedida la multitud, volvió a casa.
Y sus discípulos se acercaron a él diciendo:
-Explícanos la parábola de la cizaña del campo.
37 Y respondiendo él dijo:
-El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre. 38 El campo es el mundo. La buena semilla son los hijos del reino, y la cizaña son los hijos del maligno. 39 El enemigo que la sembró es el diablo. La siega es el fin del mundo, y los segadores son los ángeles. 40 De manera que como la cizaña es recogida y quemada en el fuego, así será el fin del mundo. 41 El Hijo del Hombre enviará a sus ángeles, y recogerán de su reino a todos los que causan tropiezos y a los que hacen maldad, 42 y los echarán en el horno de fuego. Allí habrá llanto y crujir de dientes. 43 Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre. El que tiene oídos, que oiga.
Parábolas: el tesoro, la perla y la red
44 »El reino de los cielos es
semejante a un tesoro escondido en el campo, que un hombre descubrió
y luego escondió. Y con regocijo va, vende todo lo que tiene y compra
aquel campo.
45 »Además, el reino de los cielos es semejante a un comerciante que buscaba perlas finas. 46 Y habiendo encontrado una perla de gran valor, fue y vendió todo lo que tenía, y la compró.
47 »Asimismo, el reino de los cielos es semejante a una red que fue echada en el mar y juntó toda clase de peces. 48 Cuando estuvo llena, la sacaron a la playa. Y sentados recogieron lo bueno en cestas y echaron fuera lo malo. 49 Así será el fin del mundo: Saldrán los ángeles y apartarán a los malos de entre los justos, 50 y los echarán en el horno de fuego. Allí habrá llanto y crujir de dientes.
51 »¿Habéis entendido todas estas cosas?
Ellos le dijeron:
-Sí.
52 El les dijo:
-Por eso, todo escriba instruido en el reino de los cielos es semejante a un padre de familia que saca de su tesoro cosas nuevas y viejas.
Jesús es rechazado en Nazaret
53 Aconteció que cuando Jesús terminó estas
parábolas, partió de allí. 54 Vino a su tierra
y les enseñaba en su sinagoga, de manera que ellos estaban atónitos
y decían:
-¿De dónde tiene éste esta sabiduría y estos milagros? 55 ¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María, y sus hermanos Jacobo, José, Simón y Judas? 56 ¿No están todas sus hermanas con nosotros? ¿De dónde, pues, le vienen a éste todas estas cosas?
57 Se escandalizaban de él. Pero Jesús les dijo:
-No hay profeta sin honra sino en su propia tierra y en su casa.
58 Y no hizo allí muchos milagros a causa de la incredulidad de ellos.
La muerte de Juan el Bautista
14
En aquel tiempo, Herodes el tetrarca oyó la fama de Jesús 2
y dijo a sus criados: "¡Este es Juan el Bautista! El ha resucitado
de los muertos; por esta razón operan estos poderes en él."
3 Porque Herodes había prendido a Juan, le había atado con cadenas y puesto en la cárcel por causa de Herodía, la mujer de su hermano Felipe. 4 Porque Juan le decía: "No te es lícito tenerla por mujer." 5 Y aunque Herodes quería matarlo, temió al pueblo; porque le tenían por profeta.
6 Pero cuando se celebró el cumpleaños de Herodes, la hija de Herodía danzó en medio y agradó a Herodes, 7 por lo cual él se comprometió bajo juramento a darle lo que ella pidiera. 8 Ella, instigada por su madre, dijo: "Dame aquí en un plato la cabeza de Juan el Bautista."
9 Entonces el rey se entristeció; pero a causa del juramento y de los que estaban con él a la mesa, mandó que se la diesen. 10 Mandó decapitar a Juan en la cárcel. 11 Y su cabeza fue traída en un plato y fue dada a la muchacha, y ella la presentó a su madre.
12 Entonces llegaron sus discípulos, tomaron el cuerpo y lo enterraron. Luego fueron y se lo contaron a Jesús.
Jesús alimenta a cinco mil
13 Al oírlo, Jesús se apartó de allí
en una barca a un lugar desierto y apartado. Cuando las multitudes oyeron
esto, le siguieron a pie desde las ciudades. 14 Cuando Jesús
salió, vio la gran multitud y tuvo compasión de ellos, y sanó
a los que entre ellos estaban enfermos. 15 Al atardecer, sus
discípulos se acercaron a él y le dijeron:
-El lugar es desierto, y la hora ya avanzada. Despide a la gente para que vayan a las aldeas y compren para sí algo de comer.
16 Pero Jesús les dijo:
-No tienen necesidad de irse. Dadles vosotros de comer.
17 Entonces ellos dijeron:
-No tenemos aquí sino cinco panes y dos pescados.
18 El les dijo:
-Traédmelos acá.
19 Luego mandó que la gente se recostara sobre la hierba. Tomó los cinco panes y los dos pescados, y alzando los ojos al cielo, los bendijo. Después de partirlos, dio los panes a sus discípulos, y ellos a la gente. 20 Todos comieron y se saciaron, y se recogieron doce canastas llenas de lo que sobró de los pedazos. 21 Los que comieron eran como cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños.
Jesús camina sobre el agua
22 Y en seguida Jesús obligó a sus discípulos
a entrar en la barca e ir delante de él a la otra orilla, mientras
él despedía a las multitudes. 23 Una vez despedida
la gente, subió al monte para orar a solas; y cuando llegó
la noche, estaba allí solo. 24 La barca ya quedaba a gran
distancia de la tierra, azotada por las olas, porque el viento
era contrario. 25 Y a la cuarta vigilia de la noche,
Jesús fue a ellos caminando sobre el mar. 26 Pero cuando
los discípulos le vieron caminando sobre el mar, se turbaron diciendo:
-¡Un fantasma!
Y gritaron de miedo. 27 En seguida Jesús les habló diciendo:
-¡Tened ánimo! ¡Yo soy! ¡No temáis!
28 Entonces le respondió Pedro y dijo:
-Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas.
29 Y él dijo:
-Ven.
Pedro descendió de la barca y caminó sobre las aguas, y fue hacia Jesús. 30 Pero al ver el viento fuerte, tuvo miedo y comenzó a hundirse. Entonces gritó diciendo:
-¡Señor, sálvame!
31 De inmediato Jesús extendió la mano, le sostuvo y le dijo:
-¡Oh hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?
32 Cuando ellos subieron a la barca, se calmó el viento. 33 Entonces los que estaban en la barca le adoraron diciendo:
-¡Verdaderamente eres Hijo de Dios!
Jesús sana a muchos en Genesaret
34 Cuando cruzaron a la otra orilla, llegaron a la tierra de
Genesaret. 35 Y cuando los hombres de aquel lugar le reconocieron,
mandaron a decirlo por toda aquella región, y trajeron a él
todos los que estaban enfermos. 36 Y le rogaban que sólo
pudiesen tocar el borde de su manto, y todos los que tocaron quedaron sanos.
Lo que contamina al hombre
15
Entonces se acercaron a Jesús unos fariseos y escribas de Jerusalén,
diciendo:
2 -¿Por qué quebrantan tus discípulos la tradición de los ancianos? Pues no se lavan las manos cuando comen pan.
3 El les respondió diciendo:
-¿Por qué también vosotros quebrantáis el mandamiento de Dios por causa de vuestra tradición? 4 Porque Dios dijo: Honra a tu padre y a tu madre, y El que maldiga a su padre o a su madre muera irremisiblemente. 5 Pero vosotros decís que cualquiera que diga a su padre o a su madre: "Aquello con que hubieras sido beneficiado es mi ofrenda a Dios", 6 no debe honrar a su padre.
»Así habéis invalidado la palabra de Dios por causa de vuestra tradición. 7 ¡Hipócritas! Bien profetizó Isaías de vosotros diciendo:
8 Este pueblo me honra de labios,
pero su corazón está lejos de mí.
9 Y en vano me rinden culto,
enseñando como doctrina
los mandamientos de hombres.
10 Entonces, llamando a sí a la multitud, les dijo:
-¡Oíd y entended! 11 Lo que entra en la boca no contamina al hombre; sino lo que sale de la boca, esto contamina al hombre.
12 Entonces se acercaron los discípulos y le dijeron:
-¿Sabes que los fariseos se ofendieron al oír esas palabras?
13 Pero él respondió y dijo:
-Toda planta que no plantó mi Padre celestial será desarraigada. 14 Dejadlos. Son ciegos guías de ciegos. Pero si el ciego guía al ciego, ambos caerán en el hoyo.
15 Respondió Pedro y le dijo:
-Explícanos esta parábola.
16 Jesús dijo:
-¿También vosotros carecéis de entendimiento? 17 ¿No entendéis que todo lo que entra en la boca va al estómago y sale a la letrina? 18 Pero lo que sale de la boca viene del corazón, y eso contamina al hombre. 19 Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las inmoralidades sexuales, los robos, los falsos testimonios y las blasfemias. 20 Estas cosas son las que contaminan al hombre, pero el comer sin lavarse las manos no contamina al hombre.
La fe de una mujer extranjera
21 Cuando Jesús salió de allí, se fue a las
regiones de Tiro y de Sidón. 22 Entonces una mujer cananea
que había salido de aquellas regiones, clamaba diciendo:
-¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí! Mi hija es gravemente atormentada por un demonio.
23 Pero él no le respondía palabra. Entonces se acercaron sus discípulos y le rogaron diciendo:
-Despídela, pues grita tras nosotros.
24 Y respondiendo dijo:
-Yo no he sido enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel.
25 Entonces ella vino y se postró delante de él diciéndole:
-¡Señor, socórreme!
26 El le respondió diciendo:
-No es bueno tomar el pan de los hijos y echarlo a los perritos.
27 Y ella dijo:
-Sí, Señor. Pero aun los perritos comen de las migajas que caen de la mesa de sus dueños.
28 Entonces respondió Jesús y le dijo:
-¡Oh mujer, grande es tu fe! Sea hecho contigo como quieres.
Y su hija fue sana desde aquella hora.
Otros milagros de Jesús
29 Cuando Jesús partió de allí, fue junto
al mar de Galilea, y subiendo al monte se sentó allí. 30
Entonces se acercaron a él grandes multitudes que tenían
consigo cojos, ciegos, mancos, mudos y muchos otros enfermos. Los pusieron
a los pies de Jesús, y él los sanó; 31 de
manera que la gente se maravillaba al ver a los mudos hablar, a los mancos
sanos, a los cojos andar y a los ciegos ver. Y glorificaban al Dios de Israel.
Jesús alimenta a cuatro mil
32 Jesús llamó a sus discípulos y dijo:
-Tengo compasión de la multitud, porque ya hace tres días que permanecen conmigo y no tienen qué comer. No quiero despedirlos en ayunas, no sea que se desmayen en el camino.
33 Entonces sus discípulos le dijeron:
-¿De dónde conseguiremos nosotros tantos panes en un lugar desierto, como para saciar a una multitud tan grande?
34 Jesús les dijo:
-¿Cuántos panes tenéis?
Ellos dijeron:
-Siete, y unos pocos pescaditos.
35 Entonces él mandó a la multitud que se recostase sobre la tierra. 36 Tomó los siete panes y los pescaditos, y habiendo dado gracias los partió e iba dando a los discípulos, y los discípulos a las multitudes. 37 Todos comieron y se saciaron, y recogieron siete cestas llenas de lo que sobró de los pedazos. 38 Los que comían eran cuatro mil hombres, sin contar las mujeres y los niños. 39 Entonces, una vez despedida la gente, subió en la barca y se fue a las regiones de Magdala.
Los fariseos y saduceos piden señales
16
Se acercaron los fariseos y los saduceos, y para probarle le pidieron que
les mostrase una señal del cielo. 2 Pero él les
respondió diciendo: "Al atardecer
decís: Hará buen tiempo, porque el cielo está
enrojecido; 3 y al amanecer
decís: Hoy habrá tempestad, porque el cielo está
enrojecido y sombrío. Sabéis discernir el aspecto del
cielo, pero no podéis discernir las señales de los
tiempos. 4 Una generación
malvada y adúltera pide señal, pero no le será dada
ninguna señal, sino la señal de Jonás."
Y dejándolos se fue.
Levadura de los fariseos y saduceos
5 Cuando los discípulos cruzaron a la otra orilla,
se olvidaron de tomar consigo pan. 6 Entonces Jesús les
dijo:
-Mirad, guardaos de la levadura de los fariseos y de los saduceos.
7 Ellos discutían entre sí, diciendo:
-Es porque no trajimos pan.
8 Pero como Jesús lo entendió, les dijo:
-¿Por qué discutís entre vosotros que no tenéis pan, hombres de poca fe? 9 ¿Todavía no entendéis, ni os acordáis de los cinco panes para los cinco mil hombres, y cuántas canastas recogisteis? 10 ¿Ni tampoco de los siete panes para los cuatro mil y cuántas cestas recogisteis? 11 ¿Cómo es que no entendéis que no os hablé del pan? ¡Pero guardaos de la levadura de los fariseos y de los saduceos!
12 Entonces entendieron que no les habló de guardarse de la levadura del pan, sino más bien de la doctrina de los fariseos y de los saduceos.
La confesión de Pedro
13 Cuando llegó Jesús a las regiones de Cesarea
de Filipo, preguntó a sus discípulos diciendo:
-¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?
14 Ellos dijeron:
-Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías o uno de los profetas.
15 Les dijo:
-Pero vosotros, ¿quién decís que soy yo?
16 Respondió Simón Pedro y dijo:
-¡Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente!
17 Entonces Jesús respondió y le dijo:
-Bienaventurado eres, Simón hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. 18 Mas yo también te digo que tú eres Pedro; y sobre esta roca edificaré mi iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. 19 A ti te daré las llaves del reino de los cielos. Todo lo que ates en la tierra habrá sido atado en el cielo, y lo que desates en la tierra habrá sido desatado en los cielos.
20 Entonces mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que él era el Cristo.
Jesús anuncia su muerte y victoria
21 Desde entonces, Jesús comenzó a explicar a sus
discípulos que le era preciso ir a Jerusalén y padecer mucho
de parte de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas,
y ser muerto, y resucitar al tercer día. 22 Pedro le tomó
aparte y comenzó a reprenderle diciendo:
-Señor, ten compasión de ti mismo. ¡Jamás te suceda esto!
23 Entonces él volviéndose, dijo a Pedro:
-¡Quítate de delante de mí, Satanás! Me eres tropiezo, porque no piensas en las cosas de Dios, sino en las de los hombres.
Condiciones para seguir a Jesús
24 Entonces Jesús dijo a sus discípulos:
-Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. 25 Porque el que quiera salvar su vida la perderá, y el que pierda su vida por causa de mí la hallará. 26 Pues, ¿de qué le sirve al hombre si gana el mundo entero y pierde su alma? ¿O qué dará el hombre en rescate por su alma? 27 Porque el Hijo del Hombre ha de venir en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces recompensará a cada uno conforme a sus hechos.
28 »De cierto os digo que hay algunos que están aquí, que no probarán la muerte hasta que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo en su reino.
La transfiguración
17
Seis días después, Jesús tomó consigo a Pedro,
a Jacobo y a Juan su hermano, y les hizo subir aparte a un monte alto. 2
Y fue transfigurado delante de ellos. Su cara resplandeció como
el sol, y sus vestiduras se hicieron blancas como la luz. 3 Y
he aquí les aparecieron Moisés y Elías, hablando con
él.
4 Entonces intervino Pedro y dijo a Jesús:
-Señor, bueno es que nosotros estemos aquí. Si quieres, yo levantaré aquí tres enramadas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.
5 Mientras él aún hablaba, de pronto una nube brillante les hizo sombra, y he aquí salió una voz de la nube diciendo: "Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia. A él oíd."
6 Al oír esto, los discípulos se postraron sobre sus rostros y temieron en gran manera. 7 Entonces Jesús se acercó, los tocó y dijo:
-Levantaos y no temáis.
8 Y cuando ellos alzaron los ojos, no vieron a nadie sino a Jesús mismo, solo.
9 Mientras ellos descendían del monte, Jesús les mandó, diciendo:
-No mencionéis la visión a nadie, hasta que el Hijo del Hombre resucite de entre los muertos.
10 Entonces los discípulos le preguntaron diciendo:
-¿Por qué dicen los escribas que es necesario que Elías venga primero?
11 Y respondiendo dijo:
-A la verdad, Elías viene y restaurará todas las cosas. 12 Pero yo os digo que Elías ya vino, y no le reconocieron; más bien, hicieron con él todo lo que quisieron. Así también el Hijo del Hombre ha de padecer de ellos.
13 Entonces los discípulos entendieron que les hablaba de Juan el Bautista.
Jesús sana a un muchacho
14 Cuando llegaron a la multitud, vino a él un hombre y
se arrodilló delante de él, 15 diciendo:
-¡Señor, ten misericordia de mi hijo, que es lunático y padece gravemente. Pues muchas veces cae en el fuego, y muchas veces en el agua. 16 Lo traje a tus discípulos, y no le pudieron sanar.
17 Jesús respondió y dijo:
-¡Oh generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros? ¿Hasta cuándo os soportaré? Traédmelo acá.
18 Jesús le reprendió, y el demonio salió de él; y el niño fue sanado desde aquella hora. 19 Luego, los discípulos se acercaron en privado a Jesús y le dijeron:
-¿Por qué no pudimos nosotros echarlo fuera?
20 ,21 Jesús les dijo:
-Por causa de vuestra poca fe. Porque de cierto os digo que si tenéis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: "Pásate de aquí, allá"; y se pasará. Nada os será imposible.
Jesús vuelve a anunciar su muerte
22 Estando ellos reunidos en Galilea, Jesús les dijo:
"El Hijo del Hombre ha de ser entregado en manos
de hombres, 23 y le matarán.
Pero al tercer día resucitará." Y ellos se entristecieron
en gran manera.
Jesús paga el impuesto del templo
24 Cuando ellos llegaron a Capernaúm, fueron a Pedro los
que cobraban el impuesto del templo y dijeron:
-¿Vuestro maestro no paga el impuesto del templo?
25 El dijo:
-Sí.
Al entrar en casa, Jesús le habló primero diciendo:
-¿Qué te parece, Simón? Los reyes de la tierra, ¿de quiénes cobran los tributos o los impuestos? ¿De sus hijos o de otros?
26 Pedro le dijo:
-De otros.
Jesús le dijo:
-Luego, los hijos están libres de obligación. 27 Pero, para que no los ofendamos, vé al mar, echa el anzuelo, y el primer pez que suba, tómalo. Cuando abras su boca, hallarás un estatero. Tómalo y dalo por mí y por ti.
Quién es el más importante
18 En
aquel tiempo los discípulos se acercaron a Jesús diciendo:
-¿Quién es el más importante en el reino de los cielos?
2 Jesús llamó a un niño, lo puso en medio de ellos 3 y dijo:
-De cierto os digo que si no os volvéis y os hacéis como los niños, jamás entraréis en el reino de los cielos. 4 Así que, cualquiera que se humille como este niño, ése es el más importante en el reino de los cielos. 5 Y cualquiera que en mi nombre reciba a un niño como éste, a mí me recibe.
Ocasiones de caer
6 »Y a cualquiera que haga tropezar
a uno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que
se le atase al cuello una gran piedra de
molino
y que se le hundiese en lo profundo del mar. 7
¡Ay del mundo por los tropiezos!
Es inevitable que haya tropiezos, pero ¡ay del hombre que los
ocasione!
8 »Por tanto, si tu mano o tu pie te hace tropezar, córtalo y échalo de ti. Mejor te es entrar en la vida cojo o manco, que teniendo dos manos o dos pies ser echado en el fuego eterno. 9 Y si tu ojo te hace tropezar, sácalo y échalo de ti. Mejor te es entrar en la vida con un solo ojo, que teniendo dos ojos ser echado en el infierno de fuego.
10 ,11 »Mirad, no tengáis en poco a ninguno de estos pequeños, porque os digo que sus ángeles en los cielos siempre ven el rostro de mi Padre que está en los cielos.
Parábola de la oveja perdida
12 »¿Qué os parece?
Si algún hombre tiene cien ovejas y se extravía una, ¿acaso
no dejará las noventa y nueve en las montañas e irá
a buscar la descarriada? 13 Y
si sucede que la encuentra, de cierto os digo que se goza más por
aquélla que por las noventa y nueve que no se extraviaron.
14 Así que, no es la voluntad
de vuestro Padre que está en los cielos que se pierda ni uno de estos
pequeños.
Acerca del perdón al hermano
15 »Por tanto, si tu hermano
peca contra ti, vé, amonéstale a solas entre tú y él.
Si él te escucha, has ganado a tu hermano. 16
Pero si no escucha, toma aún contigo
uno o dos, para que todo asunto conste
según la boca de dos o tres
testigos.
17 Y si él no les hace caso
a ellos, dilo a la iglesia; y si no hace caso a la iglesia, tenlo por gentil
y publicano. 18 De cierto
os digo que todo lo que atéis en la tierra habrá sido atado
en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra habrá sido
desatado en el cielo.
19 »Otra vez os digo que, si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidan, les será hecha por mi Padre que está en los cielos. 20 Porque donde dos o tres están congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.
21 Entonces Pedro se acercó y le dijo:
-Señor, ¿cuántas veces pecará mi hermano contra mí y yo le perdonaré? ¿Hasta siete veces?
22 Jesús le dijo:
-No te digo hasta siete, sino hasta setenta veces siete.
Parábola del siervo malvado
23 »Por esto, el reino de los
cielos es semejante a un hombre rey, que quiso hacer cuentas con sus
siervos. 24 Y cuando él
comenzó a hacer cuentas, le fue traído uno que le debía
diez mil
talentos. 25
Puesto que él no podía pagar,
su señor mandó venderlo a él, junto con su mujer, sus
hijos y todo lo que tenía, y que se le pagara. 26
Entonces el siervo cayó y se
postró delante de él
diciendo:
"Ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo." 27
El señor de aquel siervo, movido
a compasión, le soltó y le perdonó la deuda.
28 »Pero al salir, aquel siervo halló a uno de sus consiervos que le debía cien denarios, y asiéndose de él, le ahogaba diciendo: "Paga lo que debes." 29 Entonces su consiervo, cayendo, le rogaba diciendo: "¡Ten paciencia conmigo, y yo te pagaré." 30 Pero él no quiso, sino que fue y lo echó en la cárcel hasta que le pagara lo que le debía.
31 »Así que, cuando sus consiervos vieron lo que había sucedido, se entristecieron mucho; y fueron y declararon a su señor todo lo que había sucedido. 32 Entonces su señor le llamó y le dijo: "¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te perdoné, porque me rogaste. 33 ¿No debías tú también tener misericordia de tu consiervo, así como también yo tuve misericordia de ti?" 34 Y su señor, enojado, le entregó a los verdugos hasta que le pagara todo lo que le debía. 35 Así también hará con vosotros mi Padre celestial, si no perdonáis de corazón cada uno a su hermano.
Una pregunta acerca del divorcio
19
Aconteció que, cuando Jesús acabó estas palabras,
partió de Galilea y fue a las fronteras de Judea, al otro lado del
Jordán. 2 Grandes multitudes le siguieron, y los sanó
allí. 3 Entonces los fariseos se acercaron a él
para probarle, diciendo:
-¿Le es lícito al hombre divorciarse de su mujer por cualquier razón?
4 El respondió y dijo:
-¿No habéis leído que el que los creó en el principio, los hizo varón y mujer? 5 Y dijo: "Por esta causa el hombre dejará a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer; y serán los dos una sola carne." 6 Así que ya no son más dos, sino una sola carne. Por tanto, lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre.
7 Le dijeron:
-¿Por qué, pues, mandó Moisés darle carta de divorc